Me gusta sufrir con las cosas que amo.
Me gusta levantarme a las 5 de la mañana, conducir 200km, caminar hasta desfallecer y pasar frío para disfrutar de un descenso maravilloso por una pala sombreada con un metro de nieve polvo.
Me gusta conducir durante horas, ahorrar y decir que no a muchas cosas, para disponer de algunos euros que gastaré en una entrada; acostarme tarde y dormir poco, permanecer de pie durante horas, hacer colas interminables para escuchar esos sonidos que erizan mi piel, estremecen mi columna y hacen que apriete los dientes.
Me gusta que nadie conozca la música y los grupos que escucho. Tener que explicar continuamente a todo el mundo de donde vienen esos sonidos y porque me apasionan tanto.
Me gusta caerme continuamente, pelarme los codos y las rodillas hasta sangrar, ir siempre lleno de cicatrices a cambio de sentir como tus pies tienen alas por un momento, sentir como tus patines encajan a la perfección en ese tubo y sentir como te deslizas con suavidad y elegancia.
Me gusta discutir por las cosas más absurdas que te puedas imaginar, disfrutar de los cambios de humor más repentinos y de los caprichos más inverosímiles que te puedas imaginar a cambio de no perderme esa sonrisa, y tener la suerte de poder verla cada día.
Me gusta llamar continuamente a ese amigo que nunca tiene tiempo para mí y que nunca me llama, para disfrutar de su compañía las pocas horas que decide compartir conmigo.
Y ya que hemos venido a sufrir, vamos a disfrutar con ello. Porque para mí, las cosas sin esfuerzo no tienen sentido. Porque me gusta ponerle pasión y sentimiento a todo lo que hago, para sentirme un poco menos muerto y un poco más vivo cada día.
Por eso me esfuerzo cada día, para que cada día tenga sentido.
miércoles, marzo 18, 2009
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