jueves, marzo 19, 2009

Las persianas grises

Las persianas de mi oficina son grises, igual que la mayoría de las personas que hay dentro. Por suerte, yo no vivo allí dentro; mi vida está fuera. Aquí solamente vengo a trabajar. No como otros.

Normalmente las persianas están bajadas totalmente (para que el sol no nos distraiga) y no dejan ver el bonito paisaje que hay detrás. A veces, solo a veces, alguna persiana deja entrever un rayo de sol, o algún pajarillo que pasa volando; y puedes ver como algunas personas levantan la mirada de sus mesas y sonríen.

La dirección de la empresa se ha dado cuenta de esto, y ha calculado los minutos de trabajo perdidos. Una cantidad intolerable, según ellos. Millones de pérdidas al cabo de los años. Me pregunto si existen números suficientes para calcular lo infeliz que me hacen sentir a veces.

Van a instalar unos motores para que bajen las persianas totalmente antes de que lleguemos todos a la oficina. Así no habrá posibles errores. También van a instalar unos tornos en la entrada, para controlar la entrada de personas ajenas, o eso dicen. Aunque me da la sensación de que controlan más las "salidas" ajenas, que las entradas.

Espero impaciente el día que uno de esos motores de las persianas falle, y espero que sea un día soleado, para que la luz lo invada todo y que todo el mundo sonría.

miércoles, marzo 18, 2009

Me gusta...

Me gusta sufrir con las cosas que amo.

Me gusta levantarme a las 5 de la mañana, conducir 200km, caminar hasta desfallecer y pasar frío para disfrutar de un descenso maravilloso por una pala sombreada con un metro de nieve polvo.

Me gusta conducir durante horas, ahorrar y decir que no a muchas cosas, para disponer de algunos euros que gastaré en una entrada; acostarme tarde y dormir poco, permanecer de pie durante horas, hacer colas interminables para escuchar esos sonidos que erizan mi piel, estremecen mi columna y hacen que apriete los dientes.

Me gusta que nadie conozca la música y los grupos que escucho. Tener que explicar continuamente a todo el mundo de donde vienen esos sonidos y porque me apasionan tanto.

Me gusta caerme continuamente, pelarme los codos y las rodillas hasta sangrar, ir siempre lleno de cicatrices a cambio de sentir como tus pies tienen alas por un momento, sentir como tus patines encajan a la perfección en ese tubo y sentir como te deslizas con suavidad y elegancia.

Me gusta discutir por las cosas más absurdas que te puedas imaginar, disfrutar de los cambios de humor más repentinos y de los caprichos más inverosímiles que te puedas imaginar a cambio de no perderme esa sonrisa, y tener la suerte de poder verla cada día.

Me gusta llamar continuamente a ese amigo que nunca tiene tiempo para mí y que nunca me llama, para disfrutar de su compañía las pocas horas que decide compartir conmigo.


Y ya que hemos venido a sufrir, vamos a disfrutar con ello. Porque para mí, las cosas sin esfuerzo no tienen sentido. Porque me gusta ponerle pasión y sentimiento a todo lo que hago, para sentirme un poco menos muerto y un poco más vivo cada día.

Por eso me esfuerzo cada día, para que cada día tenga sentido.