Las persianas de mi oficina son grises, igual que la mayoría de las personas que hay dentro. Por suerte, yo no vivo allí dentro; mi vida está fuera. Aquí solamente vengo a trabajar. No como otros.
Normalmente las persianas están bajadas totalmente (para que el sol no nos distraiga) y no dejan ver el bonito paisaje que hay detrás. A veces, solo a veces, alguna persiana deja entrever un rayo de sol, o algún pajarillo que pasa volando; y puedes ver como algunas personas levantan la mirada de sus mesas y sonríen.
La dirección de la empresa se ha dado cuenta de esto, y ha calculado los minutos de trabajo perdidos. Una cantidad intolerable, según ellos. Millones de pérdidas al cabo de los años. Me pregunto si existen números suficientes para calcular lo infeliz que me hacen sentir a veces.
Van a instalar unos motores para que bajen las persianas totalmente antes de que lleguemos todos a la oficina. Así no habrá posibles errores. También van a instalar unos tornos en la entrada, para controlar la entrada de personas ajenas, o eso dicen. Aunque me da la sensación de que controlan más las "salidas" ajenas, que las entradas.
Espero impaciente el día que uno de esos motores de las persianas falle, y espero que sea un día soleado, para que la luz lo invada todo y que todo el mundo sonría.
jueves, marzo 19, 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario