
Los que me conocéis bien sabéis que la electrónica me apasiona. Muchas veces he tenido que soportar comentarios del tipo: "No entiendo como puede gustarte esa música.... solo es ruido hecho con ordenadores..."
Posiblemente sea cierto, solo sea ruido. Pero el ruido que hacen los coches de mi ciudad no me emociona en modo alguno. Esa es la diferencia: el efecto que provoca en mi.
Ritmo en estado puro, señoras y señores. Esta carta a la revista Trax de un lector de Málaga, explica como nadie ese maravilloso "efecto".
Pasen y lean:
FUERA DE SÍ
¿Qué pretende la música electrónica de baile? Hacer disfrutar. Pero no place al cuerpo, no sé, como una copa de vino. Porque el placer corpóreo no es lo único ni lo primero excitado por la música - y más extensamente por el arte -. Me atrevo incluso a defender que tampoco la emoción es el objetivo principal que pretende estimular.
El olvido de sí es la naturaleza hipnótica de esta música, la electrónica, y el motivo primero que nos seduce. La llamada del deejay nos propone el abandono de la dimensión personal y nos contamina de olvido como cualquier otra sustancia que cree dependencia, drogas para la despersonalización.
La emoción por su parte, implica reconocimiento (o mejor, autoreconocimiento, pues requiere un yo: YO me emociono). Por ello, la emoción, si llega, llega más tarde: cuando el placer se hace palabra. Cuando uno recupera su voz es por que ha vuelto en si, justo cuando ha retornado de la música, esto es, cuando ya no está siendo cautivado por ella: el momento de la explicación, que es un momento posterior. Pero mientras se flota sobre la música consumamos el contacto con la nada siendo nada pero siendo cuerpo abandonado al movimiento.
Vamos a bailar para salir de nosotros mismos, para no ser nadie. A ello invita la música sin mensaje (...). Sin embargo parece que lo que convierte en sugerente a un deejay es su capacidad para sacarnos de nosotros mismos.
(...)
Carta de un lector a la revista TRAX #24 - Diciembre 2005

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